The True Cost, el costo real


​Creo que son pocos los que hoy día pueden decir que no han entrado, al menos, a alguna de las típicas tiendas de fast-fashion: H&M, Zara, Forever 21, Gap, por nombrar unas cuantas.

Otros pocos los que no tienen algo de ellas en sus closet, algo o quizás bastante.

Yo tampoco quedo fuera.

Tal es su oferta y variedad de diseños, estilos, tendencias, y además a precios baratísimos, que una vez que entras siempre encuentras algo que llevarte. La vanguardia al alcance de tu mano.

Puedes encontrar poleras a $4.000 o un jeans a $10.000, un precio que no representa el costo de materia prima, impacto ambiental, diseño, confección, traslado, etc. Sí, un costo ilusorio.

Para llegar a precios así de bajos, el cinturón se aprieta en el eslabón más frágil de la cadena de producción: la mano de obra, los trabajadores de las fábricas. Para llegar a ese costo se reducen sus sueldos aún más, sin contar las pésimas condiciones laborales. Este tipo de fábricas se encuentran en Cambodia, India, Bangladesh, lugares donde existe poca o nada legislación a favor del trabajador y donde la pobreza no da espacio a muchas opciones.

Por eso me planteo, ¿Cómo es posible que una industria que gana miles de millones de dólares al año no pueda entregarle un sueldo justo y digno a sus trabajadores?.

Pero hay esperanza, varias son las personas que están buscando un cambio, ya sea a través de organizaciones, marcas o movimientos que abogan por un comercio justo y sustentable y uno puede ser parte activa aportando con su grano de arena.

No se trata de dejar de comprar, sino generar más consciencia, cuestionar, seleccionar, volvernos consumidores responsables.

The Green Carpet Challenge por ejemplo, es uno de los eventos de moda que recoge marcas y diseñadores cuyas colecciones tienen una visión sustentable. Todo un impacto de green fashion ya que ninguna de estas marcas previamente había hecho algo así. Destacan Stella McCartney, Gucci, Victoria Beckham, Prada, Narciso Rodriguez, Carolina Herrera entre otros.

El hecho de que algo esté barato no significa debamos comprarlo, el 2x1, los famosos “sales”, el “que importa si me costó 5 mil pesos”, es parte de este consumo desechable que no deja de crecer. Los inmensos vertederos de ropa lo confirman.

Pueden pensar que como Asesora de Imagen & Personal Shopper hablar de estos temas es contradictorio, pero siento que justamente es indispensable hacerlo. Es una responsabilidad como profesional ser parte activa del cambio, teniendo la posibilidad de plantear soluciones desde mi día a día, y por supuesto Uds. también.

Es curioso como uno de los problemas más típicos a la hora de realizar una consultoría de imagen es el “No tengo que ponerme” y el closet lleno de ropa. Somos compradores impulsivos. Muchas veces revisé armarios llenos de ropa con la etiqueta puesta porque no estaban convencidos si quiera les gustaba. Es entendible, es tal la oferta del mercado y el poco tiempo que es difícil ser asertivo.

Como parte del desafío en mi trabajo intento buscar una forma de darle vida a una prenda que estaba siendo olvidada, quizás con una mano de costurería, quizás con un cambio de botones, buscar alternativas. Sino procurar que la ropa que acordamos regalar llegue a manos de quienes la necesitan. Y muchas otras veces simplemente no comprar nada, parte del talento del asesor es la creatividad a la hora de armar outfits.

La ropa de segunda mano por ejemplo, rompe ese ciclo de producción exagerada, además de que son prácticamente piezas únicas, son una forma de no aportar al consumo despiadado.

Preferir diseño local, de calidad, marcas sustentables, de materiales orgánicos (no usaron químicos y por lo tanto no contaminaron suelos ni aguas), si hubo trabajo hecho a mano que este haya tenido la correspondiente y justa recompensa a dicho esfuerzo. Quizás tener menos ropa pero de mejor calidad.

Compramos 400% más de ropa que hace 20 años. La generación de nuestros padres y abuelos compraban cuando se necesitaba y las cosas duraban.

El espíritu del fast- fashion es la frenética producción non-stop de ropa de baja calidad. Imaginen que hay 52 colecciones por año, lo que acabas de comprar ya estará out en algunos días. Es una rueda de consumo hecha para un mundo de recursos inagotables, que no es el caso del planeta Tierra. La producción de cada prenda significa el uso de recursos naturales y humanos valiosos.

Por eso, el valor real de un precio bajo, es el costo más alto que estamos pagando como humanidad y habitantes del planeta tierra.

Juntos podemos activar este cambio.

Los dejo invitados a ver The True Cost (Netflix).

>Imágenes cortesía de Google, The True Cost movie y Unicorngoods

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